¿CÓMO SURGIÓ AMIGASPUNTOCOM? Parte I
Por Gloria Vázquez


Al día siguiente de haber llegado a vivir a San Diego, me recibió una noticia que me estremecería por completo. Vivi mi hermana gritaba en el teléfono: - “¡No puede ser, no puede ser!” Yo no entendía nada pero me asustaba verla tan consternada. Cuando por fin colgó el teléfono me dijo: -“El hijo de Laura mi amiga de mi grupo de oración murió! - En ese momento no sabía ni quién era Laura ni de qué grupo de oración me hablaba.

Yo solo oí que su hijo había muerto y con eso era suficiente. Fuimos corriendo a verla y cuando supe quién era Laura casi me voy de espaldas. Yo había dado mi testimonio en su casa dos veces años atrás. Ella había oído el testimonio de la muerte de mis hijas. Jamás me imaginé que años después ella estaría pasando por la tremenda pérdida de su hijo de 21 años causada por un accidente automovilístico. Así que por una semana estuve asistiendo a casa de Laura con guitarra en mano a cantar alabanzas y tener tiempos de adoración con la familia hasta el día del funeral. ¡Qué dolor tan grande! Dentro de todo el dolor, la sorpresa, el shock y todo lo que esto conlleva, me llenó de ternura ver a estas amigas unirse con el dolor de Laura, no, no eran las únicas que estaban ahí, tampoco fueron las que hicieron más, pero me conmovió el amor que se sentía en cada abrazo, en cada palabra y en cada momento que ellas tenían la oportunidad de expresarle a Laura su pesar por esta pérdida. Yo me sentí incluida. Pude poner mi granito de arena pero jamás imaginé que eso sería no sólo mi bienvenida a San Diego sino el inicio de algo precioso que Dios comenzó en mi vida.

No sé cómo comenzaron a reunirse, pero sé que cuando vine a vivir a San Diego después de vivir toda mi vida en la Ciudad de México, mi hermana me invitó a su reunión de oración. Yo pregunté que de qué era o qué y solo me dijo: -“somos mujeres que Dios nos unió de diferentes iglesias y nos juntamos a orar porque queremos hacer algo por la mujer.”- Eso me pareció muy bien así que fui. Aunque yo había estado sirviendo como pastor de jóvenes junto con mi esposo durante 10 años, la carga en sí por la mujer no era mi fuerte, pero me llamó la atención que eran mujeres de diferentes iglesias orando para obtener de Dios dirección para hacer algo. Así que encantada me uní al grupo. Cada miércoles nos juntábamos a orar y solo eso se hacía. Claro, sin olvidar el cafecito, galletitas, fruta o lo que hubiera. Después de orar platicábamos, convivíamos, nos conocíamos más y esta convivencia determinó verdaderamente quiénes éramos más afines con quienes. No es que uno excluya a nadie, pero en un grupo tan diferente de personas, siempre encontrarás que solo te llevas con algunas más que con otras, no quiere decir que excluyas, simplemente que tienes más cosas en común y eres más afín con otras personas.

Cuando uno encuentra su lugar en alguna situación como si fuera una pieza de rompecabezas que solo puede estar ahí, así me sentí yo. Encontré mi lugarcito. Supe inmediatamente que yo era parte de esta visión y de este grupo de amigas. Éramos mujeres de diferentes trasfondos, diferentes iglesias, maneras de pensar, edades, educación, etc. pero nos unía el fervor de servir a Dios y de hacer algo por la mujer y su familia. Después nos uniría una profunda amistad.

“Mujeres Con Propósito” Ni me acuerdo quién dio el nombre pero a todas se nos hizo muy bueno. Además el esposo de una de ellas hasta nos diseñó un logo y se mandaron a hacer camisetas, tarjetas y papel con el logo del grupo que eran unas mariposas que daban la impresión de moverse. -“Maravilloso- dijo una -“muy bonito” - exclamó la otra“- el típico: -“ahhhhyyyy queeee lindoooo”- de otra y todas contentas nos pusimos la camiseta para el evento que tendríamos, nuestro primer desayuno de mujeres. Se habían ya incluido más al grupo.

Como era de esperarse, llegaron muchas mujeres al desayuno, de hecho, más de las que esperábamos. Y digo: como era de esperarse, porque las oraciones que se hicieron por meses para este evento fueron contestadas ese día. Muchas mujeres aceptaron a Cristo en su corazón. Y de nuevo, lo que me llamaba la atención era cómo funcionábamos todas, una hacía una cosa otra la otra. Ninguna peleaba por obtener alguna posición, o un título o un puesto, todas veíamos por todo para que todo saliera bien.

Tuvimos dos desayunos más, igual de exitosos, igual de emocionantes e igual fue la respuesta de las mujeres. Pero algo nos faltaba. Queríamos mucho más! Estábamos seguras que encontraríamos la respuesta en nuestras juntas de oración.
Continuar
Parte II Parte III